Un blog donde subo para el disfrute, odio o angustia de todos algunos de mis escritos. Espero que los disfruten.
Algunos escritos provenientes de ejercicios en el Taller Literario, otros un reflejo de mi cabeza.

10 de enero de 2014

El tigre


El tigre – Julia Keiko Metoruma - Octubre 2013


Esta noche seré el otro. El otro que toma con firmeza las manos de quién ya no duerme. Salgo y no soy yo, sino el otro quien canta, miente y ruge como un tigre. Buscando presa. Buscándote perdida, vieja y sucia. Buscándote soñada. Buscándote fácil. Si, tan fácil…
El tigre retoma ya la noche. Retoma los sorbos del vino de sobras. Uno tinto y añejo que alguien olvidó en una copa o tal vez lo compra, pero no quiere desperdiciar sus monedas. Sigiloso, silencioso, se acerca cada vez más y más y más… Más allá de dos cifras, números, conteos, cartas, comas y dedos. Ábaco infinito de posibilidades. Táctiles, efímeras, presas al azar, libres y fáciles las posibilidades. Si, tan fáciles…

            Como en un tablero, calculando sus movimientos, el tigre mide y remide. Estrategia, una táctica y un tablero de ajedrez. En el mismo lugar desde hace décadas. Esperándote. La presa indefensa no sabe y no ve. No puede oler el asco, la saliva y esos ojos entornados, como espejos. Ojos mojados. Ojos excitados.
            Es tan fácil, tomarla, poseerla, despojarla, saborearla. Y la sangre tibia, corriendo por el mentón del otro. Y el sudor frío, cayendo por su espalda. Ella es tan fácil. Y ¿qué sería si te busco, te tumbo en este juego, en este tablero, en este laberinto de vos y de mi?, luchando como depredadores, peleándonos, arañándonos, mordiéndonos, encegueciéndonos, escupiéndonos. Y este juego tendrá mis reglas. O las reglas del otro.
            Y ya no te veo, y ya no me ves. Ya no nos miramos suave, ni nos tocamos lento, ni nos queremos fuerte. Ya jugamos una rayuela azarosa, llena de incógnitas, excitante, tan excitante y tan fácil que no te gustó. Encendiste tu cigarrillo invasivo, peleador, dominante y me tiraste las cenizas a los pies y el humo al crepúsculo, como deseándole. Tan presa perdida fuiste, indefensa. Y ahora eran tus ojos los que estaban entornados como espejos, eran ojos mojados, que me miraban, llenos de preguntas. No digo palabra más. Tal vez diga palabra y seré yo y no el otro el que conteste o viceversa. No puedo saber, no puedo controlar. Me voy – Eso sí puedo controlarlo- Me voy porque sos tan fácil y tan tácita que hasta me das pena. El cigarrillo se apoya en tus labios y ya te posee, te toma, te crece y te envicia. ¿Ves?, ¿Lo ves? Que sos fácil. Y a veces te quiero y a veces no, como ahora. Por eso me voy. ¿Dónde es que estás?, si es que estás o te fuiste; a ese universo paralelo del pensamiento, que a veces te vas. O tal vez me fui yo y ya no te gusto.
            No digo más. Me voy sin siquiera tocarte, después de tanta cama, de tanta piel con piel, piel con pelo o piel con pelaje, ya no sabemos. Después de tanta cama, después de ser presa del otro, te pones así como presa fácil, tan fácil. Me voy atrás, afuera. Escucho una música que me llama, me invita y no te quiere porque la rechazas. Adiós – pienso y te dejo un par de billetes sobre la mesa. Los miro como quien enfrenta su suerte. La suerte en la cacería del tigre depende del peso de sus monedas con vos. Te veo cuando te necesite, cuando necesite ser el otro y no yo, cuando necesite ser tigre y te busque perdida y te busque soñada. Se que estarás soñada, porque siempre estás soñada. Ahora sos vos. Ahora soy yo – Murmuro y cierro tu puerta, amor

           

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