El tigre – Julia Keiko Metoruma - Octubre 2013
Esta noche seré el otro. El otro que toma con firmeza las manos de
quién ya no duerme. Salgo y no soy yo, sino el otro quien canta, miente y ruge
como un tigre. Buscando presa. Buscándote perdida, vieja y sucia. Buscándote soñada.
Buscándote fácil. Si, tan fácil…
El tigre retoma ya la noche. Retoma
los sorbos del vino de sobras. Uno tinto y añejo que alguien olvidó en una copa
o tal vez lo compra, pero no quiere desperdiciar sus monedas. Sigiloso,
silencioso, se acerca cada vez más y más y más… Más allá de dos cifras,
números, conteos, cartas, comas y dedos. Ábaco infinito de posibilidades.
Táctiles, efímeras, presas al azar, libres y fáciles las posibilidades. Si, tan
fáciles…
Como en un tablero, calculando sus
movimientos, el tigre mide y remide. Estrategia, una táctica y un tablero de
ajedrez. En el mismo lugar desde hace décadas. Esperándote. La presa indefensa
no sabe y no ve. No puede oler el asco, la saliva y esos ojos entornados, como
espejos. Ojos mojados. Ojos excitados.
Es tan fácil, tomarla, poseerla,
despojarla, saborearla. Y la sangre tibia, corriendo por el mentón del otro. Y
el sudor frío, cayendo por su espalda. Ella es tan fácil. Y ¿qué sería si te
busco, te tumbo en este juego, en este tablero, en este laberinto de vos y de
mi?, luchando como depredadores, peleándonos, arañándonos, mordiéndonos, encegueciéndonos,
escupiéndonos. Y este juego tendrá mis reglas. O las reglas del otro.
Y ya no te veo, y ya no me ves. Ya
no nos miramos suave, ni nos tocamos lento, ni nos queremos fuerte. Ya jugamos
una rayuela azarosa, llena de incógnitas, excitante, tan excitante y tan fácil
que no te gustó. Encendiste tu cigarrillo invasivo, peleador, dominante y me
tiraste las cenizas a los pies y el humo al crepúsculo, como deseándole. Tan
presa perdida fuiste, indefensa. Y ahora eran tus ojos los que estaban
entornados como espejos, eran ojos mojados, que me miraban, llenos de
preguntas. No digo palabra más. Tal vez diga palabra y seré yo y no el otro el
que conteste o viceversa. No puedo saber, no puedo controlar. Me voy – Eso sí
puedo controlarlo- Me voy porque sos tan fácil y tan tácita que hasta me das
pena. El cigarrillo se apoya en tus labios y ya te posee, te toma, te crece y
te envicia. ¿Ves?, ¿Lo ves? Que sos fácil. Y a veces te quiero y a veces no,
como ahora. Por eso me voy. ¿Dónde es que estás?, si es que estás o te fuiste;
a ese universo paralelo del pensamiento, que a veces te vas. O tal vez me fui
yo y ya no te gusto.
No
digo más. Me voy sin siquiera tocarte, después de tanta cama, de tanta piel con
piel, piel con pelo o piel con pelaje, ya no sabemos. Después de tanta cama,
después de ser presa del otro, te pones así como presa fácil, tan fácil. Me voy
atrás, afuera. Escucho una música que me llama, me invita y no te quiere porque
la rechazas. Adiós – pienso y te dejo un par de billetes sobre la mesa. Los
miro como quien enfrenta su suerte. La suerte en la cacería del tigre depende
del peso de sus monedas con vos. Te veo cuando te necesite, cuando necesite ser
el otro y no yo, cuando necesite ser tigre y te busque perdida y te busque
soñada. Se que estarás soñada, porque siempre estás soñada. Ahora sos vos.
Ahora soy yo – Murmuro y cierro tu puerta, amor
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